Talleres Liebre Lunar | La Liebre en La Luna
Los talleres de arte de la Fundación Liebre Lunar son espacios para el desarrollo del potencial cultural y creativo de personas y comunidades. Están dirigidos tanto a quienes tienen una vocación artística, como a quienes desean simplemente potenciar sus capacidades sensibles y creativas como un camino hacia el desarrollo integral, el conocimiento y la expresión libre y propia. Se ofrecen a grupos limitados, ya sea de entidades públicas o privadas, como al público en general, incluyendo niños y adultos mayores.
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La Liebre en La Luna

Hace varios siglos, el futuro Buda nació en forma de liebre y le correspondió vivir en un bosque, donde hizo amistad con un trío de animales: un mono, un chacal y una nutria. Bajo este aspecto leporino, quien tiempo después regresaría al mundo

como el príncipe Siddharta Gautama, se convirtió en el líder del grupo y, además de aconsejar sabiamente a sus camaradas, no perdía ocasión de transmitirlesla doctrina religiosa y exhortarlos a seguirla.

Cierta noche que estaban reunidos, la docta liebre les advirtió, al contemplar la Luna, que el día siguiente habría que ayunar. Instó al resto de los animales a obedecer la orden. Además, les sugirió practicar la caridad.

A la mañana siguiente, la nutria vagaba por las orillas de un río, cuando vio a un pescador que enterraba en la arena siete pescados rojos ensartados en un palo.

El astuto mamífero esperó que se alejara el humano y escarbó en el sitio preciso, hasta dejar los peces al descubierto. Luego cogió la rama con los dientes y arrastró el botín hasta su madriguera, pero no se atrevió a tocarlo porque deseaba guardar la orden.

Entretanto, el mono saltaba de árbol en árbol y, de repente, descubrió un jugoso racimo de mangos. Jubiloso, lo arrancó y de buena gana se habría comido uno de los frutos, pero recordó las enseñanzas de la liebre y decidió guardarlo en su casa para el día siguiente.

Por su parte, el chacal llegó a la cabaña de un guardabosques y, al encontrarla deshabitada, penetró cauteloso en su interior. Se adueñó de un tarro de manteca agria, dos trozos de carne asada y uno de iguana. Con dificultades, se llevó todo a su cubil y, a pesar de que lo acosaba el hambre, también optó por conservar el ayuno.

Mientras esto pasaba, el futuro Buda yacía en su guarida descansando, cuando atravesó por su mente la idea de que si alguien le solicitaba comida, nada podría darle. Sin embargo, resolvió de inmediato que estaría dispuesto a ofrendar su propia vida.

El dios Brahma captó aquel pensamiento y para averiguar si había sinceridad en Siddharta, se disfrazó de monje budista y descendió a la Tierra. Ya en el bosque, se topó con la nutria y aprovechó la oportunidad para probarla. Le aseguró al nervioso animalito que no había probado alimento en varios días. La nutria, sin dudarlo siquiera, le ofreció los pescados que había conseguido. El falso monje agradeció la buena disposición, pero rechazó los pescados porque dijo encontrarse también ayunando y continuó su camino.

Antes de encontrar a la liebre, visitó al mono y al chacal. Les hizo la misma petición que a la nutria, obteniendo resultados similares, y procedió de igual manera. Al tener frente al futuro Buda, le suplicó que le diera alimento y la liebre cumpliendo su promesa pidió al dios, metamorfoseado en sacerdote, que hiciera una hoguera en un claro del bosque para saltar sobre ella y brindarle su carne.

Brahma siguió la indicación, pero con su mágico poder no permitió que la liebre se chamuscara ni siquiera un pelo, sino que experimentara la sensación de sumergirse en un lecho de blandas nubes. Paso seguido descubrió su identidad y, para dejar testimonio de aquella conducta ejemplar, se convirtió en gigante, destruyó una montaña con sus manos y, valiéndose del polvo obtenido, dibujó en el disco lunar la figura de una liebre.

Fuente: http://www.turemanso.com.ar/larevista/leyenda/index.html

Ilustración: Densho Quintero